Ocurrió este pasado sábado, sobre las once y media de la mañana, en la finca La Lapa, situada en el término municipal de Guillena, Sevilla.

El niño, de 4 años, falleció durante una montería, tras ser alcanzado por un tiro de un rifle o escopeta; era natural de Écija, una localidad sevillana donde vivía con su familia.

No pudieron hacer nada por él

Nada más producirse el trágico hecho, un testigo llamó al servicio Emergencias 112 de Andalucía y el niño, que todavía estaba malherido, fue trasladado al centro de salud de Burguillos, una localidad vecina, que era la que más cerca estaba del coto de caza.

También se avisó a la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias, al 062, a la Policía Local y a la Guardia Civil, que incluso se ofreció a mandar un helicóptero a la zona para agilizar el traslado.

Pero poco pudieron hacer por el pequeño, que falleció dos horas después en el ambulatorio.

El niño acudió este fin de semana a La Lapa, y también fue a la montería de jabalíes que se había organizado allí; aunque todavía se desconocen las circunstancias exactas por las que se encontraba en el lugar.

Fuentes de la Guardia Civil han confirmado que se llevará a cabo una investigación para esclarecer los hechos; aunque se ha decretado el secreto de sumario, por lo que no pueden dar más datos. De todos modos, la única hipótesis que se baraja es la accidental.

También han contado que la herida que causó la muerte del niño fue producida por un arma de fuego, sin especificar de qué tipo era esta.

Sera enterrado en su Écija natal

El cuerpo fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de Sevilla, para que pudieran realizarle la autopsia, y este domingo será enviado a Écija, donde será enterrado.

El ayuntamiento de esta localidad ha querido transmitir su pésame y se ha puesto a disposición de la familia del pequeño, ofreciendo su ayuda para cualquier cosa que necesiten.

Fuentes del Instituto Armado han informado de que no se prohíbe la presencia de menores en cacerías, aunque solo pueden estar en la parte lúdica de estas, es decir, en las comidas y festejos que se celebran después, generalmente en lugares muy apartados del campo de ejecución, nunca participando directamente ni acompañando a ningún cazador.

 

 

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