La Organización Mundial para la Salud, que agrupa más de 150 países, es un organismo que trabaja para contribuir a la calidad de la salud pública desde 1948. Es un órgano colegiado y funciona con los aportes científicos de más de 7 mil personas.

Recientemente, EEUU anuncia la ruptura definitiva de relaciones con este órgano, argumentado que no se gestionó de forma adecuada la pandemia del COVID-19. La rueda de prensa fue directa y sin participación de los corresponsales de los medios de comunicación.

Cuenta regresiva

Desde la declaración del estado de pandemia por parte de la OMS, el gobierno de Estados Unidos generó una serie de recomendaciones a este ente. No obstante, se entiende que estas recomendaciones son, en realidad, una secuela del conflicto político con China. Por eso, se interpreta que la OMS quedó en la línea de tiro.

En principio, se había puesto un plazo de un mes para que la OMS ejecutara las reformas que Donald Trump consideraba adecuadas. El mismo plazo fue acortado, sin aviso, por el mismo gobierno que rompió cualquier relación.

¿La salud tiene precio?

Más allá del rompimiento político, el principal mecanismo de presión es la paralización de las contribuciones que EEUU hace la Organización Mundial para la salud.

Estas iban con el propósito de potenciar la investigación, logística y avances tecnológicos. Estos pagos no son nada despreciables, y constituyen un 15% del fondo de este ente mundial.

En esta misma línea, Trump hizo saber que China tiene mayor control sobre la OMS a pesar que estos últimos hacen un menor aporte. En estos términos, pareciera que el dinero pretende comprar posiciones y enfoques científicos.

Aun así, la diferencia en los aportes es de unos 410 millones de dólares al año.  Por lo que la OMS implementó mecanismos para que las empresas particulares de EEUU puedan hacer donaciones directas.

Moral y repartición de culpas

En medio de la pandemia, nunca faltaron oportunidades para que Estados Unidos hiciese declaraciones políticas sobre las responsabilidades de China en el origen y propagación rápida del virus.

Por un lado, Estados Unidos mantiene su tesis sobre la tardanza de China en informar sobre los casos de la reciente enfermedad respiratoria y el mal manejo para el aislamiento de focos de infección.

No obstante, resulta contradictorio que, antes que llegara el COVID-19 a EEUU con mayor fuerza, el mismo Trump no le daba importancia al asunto y se refirió al fenómeno como una “simple gripe” sin adoptar medidas a tiempo.

Ahora, este país tiene casi 1.8 millones de infectados y más de 101 mil muertos por esta causa.

¿Han servido las recomendaciones de la OMS?

La página oficial de la OMS ha contribuido enormemente al diseño de políticas efectivas contra el COVID-19 en los países en que fueron adoptadas da tiempo.

Algunos países, como Brasil, han pospuesto y aligerado las recomendaciones dadas por la OMS, en aras de proteger su economía y, actualmente, promete ser el nuevo foco infeccioso de América.

Entonces, es conveniente preguntarse, ¿cuál sería la estrategia correcta?…

 

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